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tonechitoDecember 12 No todo va a ser follar
October 03 Woody"¿Conocen este chiste? Dos señoras de edad están en un hotel de alta montaña y dice una...: - Vaya, aquí la comida es realmente terrible. Y contesta la otra: - Sí, y además las raciones son tan pequeñas. Pues, básicamente, así es como me parece la vida, llena de soledad, miseria, sufrimiento, tristeza... Y, sin embargo, se acaba demasiado deprisa. Otro chiste importante para mí, que generalmente se le atribuye a Groucho Marx, pero creo que fue Freud quien lo dijo en relación con el subconsciente. Y dice así, en paráfrasis: Jamás pertenecería a un club que tuviese a alguien como yo de socio. Ese es el chiste clave de mi vida adulta en cuanto a mis relaciones con mujeres. ¿Saben? Últimamente pasan cosas muy raras por mi cabeza, porque yo ya soy cuarentón, y supongo que estoy pasando por alguna crisis vital, no sé, no me preocupa la vejez, no, no soy de esos aunque me estoy quedando calvo de la coronilla, y eso es lo peor que se puede decir de mí. Sin embargo, creo que con la edad mejoraré, sí, creo que seré un ejemplar del tipo viril calvo, digamos, lo contrario de un distinguido canoso. A menos que no sea ninguno de los dos y acabe siendo uno de esos babeantes que con la bolsa de la compra al brazo entran en la cafetería predicando el socialismo." (Woody Allen en Annie Hall) August 20 Instrucciones para dar Cuerda al Reloj
Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan. ¿Qué más quiere, qué más quiere? Atelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa. Julio Cortázar. August 16 Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al relojPiensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
Julio Cortázar. July 25 Instrucciones para llorar.
July 07 Destrucción de la mañanaMiro a mi alrededor. De la penumbra
surgen enamorados que se besan. Otros siguen el film atentamente. ¿Será, quizá, el amor lo que han logrado? ¿O sólo una muchacha a quien besar como las que yo llevo algunas veces? Seguro que hay amor. Como el del cine, como aquel que palpita entre los libros o el que uno se imagina estando a solas. Mas yo no tuve suerte. O persistencia. No sé de un gran amor. Sí de pequeños. Únicamente rozo nuestras nimias. Sólo un amor minúsculo y no obstante me creo tan capaz de un amor grande, de ese amor que aparece en libros, cine... No es posible que no haya una mujer Y ha de ser cada día más difícil. Si pudiera volver a mi pasado... Salgo a la calle. Dudo hacia cuál lado Jose María Fonollosa. Extractos de "Destrucción de la mañana".
June 08 Mi secreto.
Amado Nervo. June 05 Roma"Cruce de caminos,
¿donde va a parar?,
siempre me siento perdido,
no puedo ni respirar.
Si tiro a la izquierda,
¿habré elegido bien?;
y si a la derecha,
me daré un traspiés.
Si tiro para alante,
voy a tropezar;
y si retrocedo,
me sentiré mal.
Que te derrita el sol
hasta evaporar,
subete a una nube,
que ya lloverá."
EA!
June 01 El Perich
May 24 Cold in hand bluesy qué es lo que vas a decir
voy a decir solamente algo y qué es lo que vas a hacer voy a ocultarme en el lenguaje y por qué tengo miedo Alejandra Pizarnik. May 21 Muerte en el odio.
Yo sé que existo Ángel González. May 16 De la verdad, la mentira y el error.5. La verdad es la triste consecuencia de haber descubierto
la mentira. 10. La verdad no es fotogénica. 12. Huir de lo falso no implica abrazarse a la verdad, sino simplemente, huir. 22. ¿Debo ir? Luego voy a mentir. 26. No hay cosa que más mienta que un papel. 29. Cualquier cosa y a cualquier precio. Menos no mentir. 34. La gracia del mundo es el choque de dos mentiras. 38. No digáis mentiras. Mentid con la verdad en la mano. 54. La mentira es fundamental en un sistema de estorbos. 55. Donde se vive bien es en el error. 62. Sé sumamente piadoso con tus errores. Vicente Nuñez. May 09 En homenaje a la última redada."....y con tu imagen...me emociono...
si pienso en tí, me emociono...
y si te veo, tambien me emociono...
porque de tí tengo el mono"
G-5. May 04 Prefiero el trapecio
Con la hermanas Gilda duermo en una cama grande; Vivo en la ausencia del deseo canalla, Manolo García. April 26 Melancolía
Charles Bukowsky April 09 Erótica1. ¡Siempre vienes de ti por un camino mío!
Vicente Nuñez. February 15 No oyes ladrar a los perros —Tú que vas allá arriba, Ignacio, dime si no oyes alguna señal de algo o si ves alguna luz en alguna parte.
—No se ve nada. —Ya debemos estar cerca. —Sí, pero no se oye nada. —Mira bien. —No se ve nada. —Pobre de ti, Ignacio. La sombra larga y negra de los hombres siguió moviéndose de arriba abajo, trepándose a las piedras, disminuyendo y creciendo según avanzaba por la orilla del arroyo. Era una sola sombra, tambaleante. La luna venía saliendo de la tierra, como una llamarada redonda. —Ya debemos estar llegando a ese pueblo, Ignacio. Tú que llevas las orejas de fuera, fíjate a ver si no oyes ladrar los perros. Acuérdate que nos dijeron que Tonaya estaba detrasito del monte. Y desde qué horas que hemos dejado el monte. Acuérdate, Ignacio. —Sí, pero no veo rastro de nada. —Me estoy cansando. —Bájame. El viejo se fue reculando hasta encontrarse con el paredón y se recargó allí, sin soltar la carga de sus hombros. Aunque se le doblaban las piernas, no quería sentarse, porque después no hubiera podido levantar el cuerpo de su hijo, al que allá atrás, horas antes, le habían ayudado a echárselo a la espalda. Y así lo había traído desde entonces. —¿Cómo te sientes? —Mal. Hablaba poco. Cada vez menos. En ratos parecía dormir. En ratos parecía tener frío. Temblaba. Sabía cuándo le agarraba a su hijo el temblor por las sacudidas que le daba, y porque los pies se le encajaban en los ijares como espuelas. Luego las manos del hijo, que traía trabadas en su pescuezo, le zarandeaban la cabeza como si fuera una sonaja. Él apretaba los dientes para no morderse la lengua y cuando acababa aquello le preguntaba: —¿Te duele mucho? —Algo —contestaba él. Primero le había dicho: "Apéame aquí... Déjame aquí... Vete tú solo. Yo te alcanzaré mañana o en cuanto me reponga un poco." Se lo había dicho como cincuenta veces. Ahora ni siquiera eso decía. Allí estaba la luna. Enfrente de ellos. Una luna grande y colorada que les llenaba de luz los ojos y que estiraba y oscurecía más su sombra sobre la tierra. —No veo ya por dónde voy —decía él. Pero nadie le contestaba. E1 otro iba allá arriba, todo iluminado por la luna, con su cara descolorida, sin sangre, reflejando una luz opaca. Y él acá abajo. —¿Me oíste, Ignacio? Te digo que no veo bien. Y el otro se quedaba callado. Siguió caminando, a tropezones. Encogía el cuerpo y luego se enderezaba para volver a tropezar de nuevo. —Este no es ningún camino. Nos dijeron que detrás del cerro estaba Tonaya. Ya hemos pasado el cerro. Y Tonaya no se ve, ni se oye ningún ruido que nos diga que está cerca. ¿Por qué no quieres decirme qué ves, tú que vas allá arriba, Ignacio? —Bájame, padre. —¿Te sientes mal? —Sí —Te llevaré a Tonaya a como dé lugar. Allí encontraré quien te cuide. Dicen que allí hay un doctor. Yo te llevaré con él. Te he traído cargando desde hace horas y no te dejaré tirado aquí para que acaben contigo quienes sean. Se tambaleó un poco. Dio dos o tres pasos de lado y volvió a enderezarse. —Te llevaré a Tonaya. —Bájame. Su voz se hizo quedita, apenas murmurada: —Quiero acostarme un rato. —Duérmete allí arriba. Al cabo te llevo bien agarrado. La luna iba subiendo, casi azul, sobre un cielo claro. La cara del viejo, mojada en sudor, se llenó de luz. Escondió los ojos para no mirar de frente, ya que no podía agachar la cabeza agarrotada entre las manos de su hijo. —Todo esto que hago, no lo hago por usted. Lo hago por su difunta madre. Porque usted fue su hijo. Por eso lo hago. Ella me reconvendría si yo lo hubiera dejado tirado allí, donde lo encontré, y no lo hubiera recogido para llevarlo a que lo curen, como estoy haciéndolo. Es ella la que me da ánimos, no usted. Comenzando porque a usted no le debo más que puras dificultades, puras mortificaciones, puras vergüenzas. Sudaba al hablar. Pero el viento de la noche le secaba el sudor. Y sobre el sudor seco, volvía a sudar. —Me derrengaré, pero llegaré con usted a Tonaya, para que le alivien esas heridas que le han hecho. Y estoy seguro de que, en cuanto se sienta usted bien, volverá a sus malos pasos. Eso ya no me importa. Con tal que se vaya lejos, donde yo no vuelva a saber de usted. Con tal de eso... Porque para mí usted ya no es mi hijo. He maldecido la sangre que usted tiene de mí. La parte que a mí me tocaba la he maldecido. He dicho: “¡Que se le pudra en los riñones la sangre que yo le di!” Lo dije desde que supe que usted andaba trajinando por los caminos, viviendo del robo y matando gente... Y gente buena. Y si no, allí esta mi compadre Tranquilino. El que lo bautizó a usted. El que le dio su nombre. A él también le tocó la mala suerte de encontrarse con usted. Desde entonces dije: “Ese no puede ser mi hijo.” —Mira a ver si ya ves algo. O si oyes algo. Tú que puedes hacerlo desde allá arriba, porque yo me siento sordo. —No veo nada. —Peor para ti, Ignacio. —Tengo sed. —¡Aguántate! Ya debemos estar cerca. Lo que pasa es que ya es muy noche y han de haber apagado la luz en el pueblo. Pero al menos debías de oír si ladran los perros. Haz por oír. —Dame agua. —Aquí no hay agua. No hay más que piedras. Aguántate. Y aunque la hubiera, no te bajaría a tomar agua. Nadie me ayudaría a subirte otra vez y yo solo no puedo. —Tengo mucha sed y mucho sueño. —Me acuerdo cuando naciste. Así eras entonces. Despertabas con hambre y comías para volver a dormirte. Y tu madre te daba agua, porque ya te habías acabado la leche de ella. No tenías llenadero. Y eras muy rabioso. Nunca pensé que con el tiempo se te fuera a subir aquella rabia a la cabeza... Pero así fue. Tu madre, que descanse en paz, quería que te criaras fuerte. Creía que cuando tú crecieras irías a ser su sostén. No te tuvo más que a ti. El otro hijo que iba a tener la mató. Y tú la hubieras matado otra vez si ella estuviera viva a estas alturas. Sintió que el hombre aquel que llevaba sobre sus hombros dejó de apretar las rodillas y comenzó a soltar los pies, balanceándolo de un lado para otro. Y le pareció que la cabeza; allá arriba, se sacudía como si sollozara. Sobre su cabello sintió que caían gruesas gotas, como de lágrimas. —¿Lloras, Ignacio? Lo hace llorar a usted el recuerdo de su madre, ¿verdad? Pero nunca hizo usted nada por ella. Nos pagó siempre mal. Parece que en lugar de cariño, le hubiéramos retacado el cuerpo de maldad. ¿Y ya ve? Ahora lo han herido. ¿Qué pasó con sus amigos? Los mataron a todos. Pero ellos no tenían a nadie. Ellos bien hubieran podido decir: “No tenemos a quién darle nuestra lástima”. ¿Pero usted, Ignacio? Allí estaba ya el pueblo. Vio brillar los tejados bajo la luz de la luna. Tuvo la impresión de que lo aplastaba el peso de su hijo al sentir que las corvas se le doblaban en el último esfuerzo. Al llegar al primer tejaván, se recostó sobre el pretil de la acera y soltó el cuerpo, flojo, como si lo hubieran descoyuntado. Destrabó difícilmente los dedos con que su hijo había venido sosteniéndose de su cuello y, al quedar libre, oyó cómo por todas partes ladraban los perros. —¿Y tú no los oías, Ignacio? —dijo—. No me ayudaste ni siquiera con esta esperanza.
Juan Rulfo. February 10 Ultimamente.
Últimamente ando algo perdido, Y en cada esquina acecha un ratero De un tiempo a esta parte Y la vida me parece una fiesta De un tiempo a esta parte Últimamente ando desconcertado, Y me enamoro de mujeres comprometidas, De un tiempo a esta parte, a mi amor propio algo le falta, Y la vida me parece una fiesta De un tiempo a esta parte Últimamente planeo una huida Seguro que allí no hay nadie empeñado en aconsejarme: Y qué vamos a hacerle, De un tiempo a esta parte Han de venir tiempos mejores, en las que te cuente cómo, últimamente, repetidos, cansados, De un tiempo a esta parte
Ismael Serrano. January 25 Podría volver.Podría volver Y podrás pensar Bambino. January 22 El bar de la esquina.Estaba en una terracita un oscuro mediodía echándome una copita en ese bar que hace esquina con la calle mayor Viendo volar a las moscas viendo pasar a la vida viendo pasar las chicas Que a todas me acercaría que a todas besaría pero las pierdo de vista porque pasan deprisa Apuré el chinchón de un trago por el culo del vaso dibujé una silueta Dejé volar a mi mente me cegó un poco el alcohol y al abrir los ojos vi que la borrosa silueta se había convertido en princesa y eras tú y apareciste tú y apareciste tú yo me levanté de la silla y hacia ti me encaminé puedo darte un beso niña y después me avergonzé de mí ya no pude resistirme y te pregunté otra vez puedo darte un beso niña aunque sea en la mejilla y tu me dijiste que sí me respondiste si podría subirte la falda y tumbarte aquí en mi mesa puedo tomarte aquí mismo dime que sí por favor tú tiraste al suelo las copas que habían encima de la mesa me agarraste entre tus brazos y se te abrieron las piernas y me dijiste que ya venga hazlo ya venga va y que sin darnos cuenta que los dos nos liamos venga a hacer el amor en ese bar que hace esquina con la calle mayor los clientes no entendían la gente curioseaba a ver que hacen esos dos follando en un bar del centro en plena calle mayor al fin vino un camarero y nos llamó la atención fuera de aquí por favor y le contestamos que no ah Y además le pedimos un pequeño favor puede señor camarero hacer de casamentero cásenos aquí mismo cásenos por favor no debería de hacerlo pero en fín venga va y allí mismo nos casamos nos casó el camarero convidamos a todo el mundo y ahí, encima de esa mesa de ese bar y de esa calle la luna de miel pasamos quince días bien preciosos fue precioso nuestro amor fue precioso nuestro amor fue precioso nuestro amor fue precioso nuestro matrimonio Albert Plá. January 12 No ardieras.En el castillo de donde las dan las toman
hay una cama reservada para ti. Alguien te vio salir volando en una escoba, no había necesidad ninguna de mentir. Y no es que yo este disfrutando mirando como sufren los demás, pero es que ya iba siendo hora de que compruebes por ti misma como duele lo que sueles regalar a quien sólo te adora. En las revistas tan bonitas que te compras están contando mentiras sobre ti. No quiero hacer leña del árbol justo ahora pero de ésta como vas a salir. Si necesitas una mano ya sabes donde tienes que llamar para que te den de lado, que yo estaría encantado si pudiera devolverte la mitad de lo mismo que me has dado. Los Planetas. January 05 Consejos.GREENWICH AVENUE
Estoy muy satisfecho de mí mismo. Yo era un ser seco, huraño y solitario que envidiaba a los otros su alegría. Pero rectifiqué. Me costó mucho adquirir compañía y cara alegre. Y así he gustado aquellos dulces bienes que envidiaba a los otros: amistad, mujer, hijos y el éxito en los negocios. Uno llega a obtener lo que desea si de veras se esfuerza en conseguirlo. La insistencia es la clave del acierto. La piedra que se encima persistente sobre sus compañeras de sendero, logrará que tropiece alguien en ella. Estoy muy satisfecho de mí mismo pues sé rectificar. Y comprobado que amigos, mujer, hijos y negocios siempre me molestaban y agobiaban, los dejé sin aviso y sin reparos. Y he vuelto con alivio a mi yo joven, a mi ser seco, huraño y solitario. Y estoy muy satisfecho de mí mismo. GRACELY SQUARE Fonollosa.
December 17 El golpe de gracia
Llévate lo que puedas esta noche. Ven cuando yo no pueda verte, Y yo también me felicito No tengo nada que ofrecerte, Y si me dañas como has hecho Los Planetas. Huidiversario.Hoy hace dos años que no te tengo,
ya sabes a lo que me refiero cuando digo “tengo”, nunca sabrás lo que me hierve dentro. Hoy hace dos años, (sé que tu también hoy piensas en mí), y cada día que ha pasado mil agujas me he clavado; antes te llevaba a ti y ahora llevo una lanza en el costado. Hoy hace dos años que me fui, y cuando volví no estabas donde yo esperaba. ¡Como son las cosas! Hace dos años que me perdí, que te perdí, pero también hace dos años que decidiste no darme más alpiste, no sé que será de mí. Hace dos años maté a Antonio, de su muerte naciste tú, nueva, otra, a quien no tengo el gusto de conocer. Hace dos años que te añoro. Te añoran todos los cadáveres que pasan por el cuerpo hueco, vacío, del que llora su huida, y que, como árbol seco, maldicen sus entrañas. Tonetxo.
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